VIVIENDA CHUECA, MADRID

La historia de esta vivienda es la de una transformación pausada, guiada por las etapas de la vida de Paula y Dani, nuestros clientes. En sus inicios, el piso se dividió en dos: una parte fue destinada al alquiler y otra funcionaba como su vivienda. Con el tiempo, esa zona alquilada se convirtió en la oficina de su empresa. Tras el nacimiento de sus hijos, en ese segundo espacio se colocaron los dormitorios infantiles. Sin embargo, la distribución original comenzó a mostrar sus limitaciones: nuestros clientes contaban con dos cocinas, dos entradas, muchas instalaciones duplicadas y con espacios comunes muy fragmentados. Claramente este esquema ya no les funcionaba, así que decidieron contactar con nosotras. Les encantaba la vivienda y su ubicación privilegiada, así que nuestro cometido era muy claro: unificar ambas zonas y adaptarla a sus necesidades actuales. Por lo tanto, al comenzar a reunirnos con ellos teníamos una idea clara de lo que necesitaban. La idea era conseguir una vivienda funcional, pensada para el día a día de una familia de 4. En estos casos siempre intentamos que los espacios donde se desarrolla la vida diaria sean cómodos y flexibles. Lo ideal es que se comuniquen entre sí, para poder estar juntos haciendo cosas distintas: cocinar, jugar, trabajar o simplemente descansar.
Paula y Dani querían una gran cocina abierta al salón, una zona de estar que reuniera a todos, tres dormitorios, dos baños cómodos y un espacio desde el que poder trabajar sin tener que aislarse del resto de la cas. Ah, y soñaban con una pequeña zona de lavandería. mayor reto que nos encontramos era la luz. Aunque se trata de un primer piso, la fachada exterior cuenta con buenas entradas de claridad durante gran parte del día. Sin embargo, en cuanto se avanza hacia el interior de la vivienda, ésta desaparece. El núcleo del piso quedaba en penumbra, sin acceso directo a la luz natural, lo que condicionaba por completo la forma de habitarlo. Desde el principio tuvimos claro que las estancias más utilizadas —aquellas donde se pasa más tiempo y donde sucede la vida cotidiana— debían estar vinculadas a la luz. Por eso propusimos reorganizar por completo la distribución, trasladando la cocina, el salón y la zona de trabajo a la franja más luminosa de la casa. No se trataba solo de ganar en confort, sino también de hacer que la casa funcionase mejor en el día a día: cocinar con luz natural, trabajar sin necesidad de encender lámparas a media mañana, disfrutar del sol en invierno sin moverse del sofá. Esta decisión marcó el resto del proyecto. Definió el flujo de movimientos, los usos de cada zona y la manera en la que se conectan unas con otras.
En el corazón de la vivienda se abre este espacio común, donde cocina, comedor y estar conviven sin barreras. El dormitorio principal mantuvo su posición, junto al salón, lo que permitió abaratar el presupuesto en la fase de derribo.
La cocina, diseñada por OB Cocinas, se resolvió con una distribución lineal en dos frentes y una apuesta clara por el almacenaje: los muebles a medida aprovechan al máximo la altura, llegando hasta el techo para multiplicar la capacidad sin sobrecargar el espacio visual. paleta es neutra, discreta y luminosa, con un acabado mate que acompaña sin imponerse. El único gesto de color aparece en el hueco abierto en azul eléctrico, que rompe la linealidad con un golpe fresco y ligero, y a la vez funciona como una pequeña estantería abierta para libros, piezas especiales y objetos del día a día. Sobre la mesa de madera maciza —sencilla y cálida—, cuelgan dos lámparas en tono terracota que aportan equilibrio y calidez. Las sillas, tapizadas en un verde profundo, suman textura y confort. Todo el conjunto se apoya sobre un suelo continuo de madera clara que refuerza la sensación de unidad. Aquí no se trata solo de cocinar o comer: este espacio organiza la vida de la casa. Un lugar práctico, luminoso y bien aprovechado, donde cada decisión —desde el tipo de grifería hasta el módulo superior más alto— tiene sentido.



El salón es uno de los espacios donde más se nota la personalidad del proyecto, y también uno de los que mejor resume cómo, con decisiones bien pensadas, se puede transformar mucho sin disparar el presupuesto. La altura de los techos nos dio margen para arriesgar con el color: los pintamos en un mostaza, que aporta carácter, calidez y una lectura diferente del espacio sin necesidad de grandes gestos. Las molduras originales de escayola estaban en buen estado y decidimos conservarlas. En las zonas donde antes había tabiques y ahora hay continuidad —entre salón, comedor y cocina— hicimos réplicas a medida para mantener la coherencia estética. Mobiliario con historia, piezas actuales, texturas naturales y una paleta que dialoga con la luz fueron suficientes para construir un salón acogedor, vivido y con carácter. En un primer momento, se pensó en reservar una estancia cerrada para ubicar el despacho. Pero al avanzar en la distribución, nos dimos cuenta de que separar esa zona significaba renunciar a amplitud en las áreas más vividas de la casa. Tras varias propuestas, quedó claro que la mejor solución no era cerrar, sino integrar. Así que dispusimos una pequeña zona de trabajo dentro del salón. Es un ejemplo más de cómo, en este proyecto, las decisiones no responden a fórmulas cerradas, sino a cómo se vive el espacio en el día a día.




La entrada de la vivienda se resolvió con una intervención sencilla, peor con mucho efecto. con un presupuesto ajustado, se apostó por una solución cromática potente: pintar puerta, paredes y techo en un verde agua uniforme que envuelve al visitante desde el primer momento. Esta decisión permitió dar personalidad a un espacio da transito sin necesidad de mobiliario a media ni revestimiento complejos.
A continuación encontramos el baño principal, planteado como un espacio funcional y bien resuelto para el uso diario. El mueble de almacenaje se diseñó a medida en un tono terracota suave, integrando el lavabo y prolongándose lateralmente con una zona de estantería abierta.

El color elegido funciona como un acento cálido dentro de una paleta neutra. Ayuda a iluminar visualmente el baño y aporta un toque de carácter sin necesidad de recurrir a ornamentos. Sobre él, un espejo redondo con marco fino refuerza el gesto limpio y contemporáneo del conjunto. Para la ducha se escogió un azulejo de Equipe Cerámica en tono verde grisáceo (modelo Wadi), colocado en vertical para aligerar la proporción del paño. La grifería en negro y la mampara con perfilería a juego cierran la composición con una línea gráfica sutil pero rotunda.



Esta Desde la zona común, una gran puerta corredera blanca da paso a la parte más privadas de la casa. Una transición sutil que permite separar el ritmo del día del descanso de la noche, sin necesidad de romper la continuidad visual ni restar luz. Esta zona reúne los dormitorios infantiles, su baño, una pequeña sala de estar y la lavandería. Todo pensado para acompañar el crecimiento de la familia: espacios flexibles, bien distribuidos y con soluciones de almacenaje que no saturan, pero resuelven. La puerta corredera permite que esta parte de la casa funcione como un mundo aparte cuando hace falta —para jugar, descansar o simplemente tener silencio—, pero también puede mantenerse abierta para integrarse con el resto del hogar.
En Las habitaciones infantiles se diseñaron con una idea clara: acompañar el crecimiento sin imponer un estilo cerrado. Son espacios alegres, funcionales y flexibles, que permiten jugar, descansar y ordenar sin complicaciones. En el techo, unos flakes gigantes de colores rompen la blancura con un gesto sencillo pero lleno de energía. Una solución muy visual, de bajo coste, que transforma por completo la percepción del espacio sin necesidad de intervenir paredes ni mobiliario. El mobiliario se eligió con ese mismo enfoque práctico: camas con almacenaje inferior, estanterías integradas, módulos bajos accesibles y una paleta viva, pero fácil de actualizar con el paso del tiempo.



El baño infantil se diseño para ser práctico, resistente y alegre. Una combinación pensada para acompañar el día a día de dos niños pequeños, con soluciones duraderas y un punto lúdico que nos encanta. El mueble del lavabo, con acabado en relieve y tonos neutros, ofrece almacenaje generoso sin ocupar demasiado espacio visual. Encima, un espejo amplio y sin marco refuerza la sensación de amplitud que buscábamos. La gran sorpresa está en la ducha, donde elegimos un azulejo mostaza de Equipe Cerámica con piezas en azul que se reparten de forma irregular. Un patrón aparentemente aleatorio que aporta dinamismo y convierte esa pared en un fondo alegre y diferente. La grifería blanca y la bañera con faldón alicatado completan el conjunto. En un lateral, una hornacina vertical con estantes abiertos permite exponer juguetes, cuentos o figuras, sumando personalidad sin entorpecer el uso. Un rincón que recuerda que este baño también es parte de su mundo.




En definitiva, una casa transformada para seguir siendo hogar en esta nueva etapa. Porque no se trataba solo de reformar, sino de entender cómo se vive hoy y diseñar desde ahí: desde lo cotidiano, desde lo que de verdad se necesita. Con un presupuesto ajustado, optamos por soluciones que aportaran mucho sin requerir grandes inversiones: jugar con el color en los techos en lugar de añadir elementos decorativos, conservar lo que ya funcionaba, diseñar muebles a medida solo donde eran realmente necesarios, y elegir materiales resistentes, duraderos y con presencia.
El resultado es una vivienda que se adapta, evoluciona y responde a las necesidades de quienes la habitan. Una casa funcional, luminosa y con carácter, pensada para acompañar a nuestros clientes muchos años.



