VIVIENDA EN ARAVACA, MADRID

La vivienda que os mostramos hoy nos enamoró nada más conocerla. Está situada en una calle muy agradable de Pozuelo, en una zona residencial bien conectada. La casa, además, tenía muchísima luz natural y una buena base sobre la que trabajar.
Sus propietarios, María y Edu, nos comentaron que llevaban muchos meses esperando por una casa en venta en la zona. Así que en cuanto la compraron, nos pidieron ayuda para adaptar los 160 m² de la casa, repartidos en dos plantas, a sus necesidades (pareja joven con dos hijos) Querían una cocina amplia con isla y un salón-comedor generoso, con los espacios conectados para compartir el día a día en familia. También necesitaban tres dormitorios, dos baños y una habitación que pudiera funcionar como despacho y cuarto de invitados.
La distribución original tenía bastante margen de mejora. En la planta baja, una galería de casi veinte metros cuadrados estaba poco aprovechada, mientras que arriba se concentraban cinco dormitorios muy pequeños y un único baño. Nuestro reto era reorganizar ambas plantas para dar cabida a todo lo que nos pedían y aprovechar esa luz que tanto nos había gustado desde el principio.
Empezamos el recorrido por el vestíbulo, que antes de la reforma era una zona muy oscura. Desde él se accede también a un pequeño aseo, donde colocamos una puerta de roble de suelo a techo. El color aparece nada más entrar. Elegimos un verde suave para la puerta de entrada y la escalera, que mantuvimos en su ubicación original, conservando su estructura. La renovamos con pintura epoxi para cambiar su aspecto sin sustituirla. El verde se extiende por los peldaños y el pasamanos, acompañando el recorrido hacia la planta superior.



Junto al vestíbulo encontramos un pequeño aseo, al que se accede a través de una puerta de roble de suelo a techo. Aquí optamos por pocos elementos y aprovechamos el color para darle personalidad.
El lavabo suspendido, de líneas rectas y en un tono verde grisáceo, deja libre el espacio inferior y se combina con una grifería empotrada de acabado dorado. Las paredes claras y el microcemento del suelo mantienen la continuidad con el resto de la planta baja.
Para resolver el almacenaje aprovechamos un hueco en la pared con un pequeño mueble que combina estantes abiertos y una zona cerrada. Lo elegimos en un amarillo suave, que introduce otro matiz de color junto al lavabo.

Desde el vestíbulo pasamos a la cocina, uno de los espacios en los que María y Edu tenían más claras sus prioridades. Querían una cocina amplia, con isla, y que los ambientes de la planta baja estuviesen conectados, pero también pudiesen independizarse cuando lo necesitasen.

Para darle más espacio incorporamos parte de la antigua galería y ampliamos los huecos hacia el exterior. Nos interesaba aprovechar la luz natural y hacer que el jardín entrase en la casa, que estuviese presente tanto al cocinar como al sentarse a desayunar.
La conexión con el vestíbulo y con el salón la resolvimos mediante puertas correderas metálicas y de cristal. Abiertas comunican los distintos ambientes; cerradas permiten independizar la cocina manteniendo las vistas y el paso de la luz del jardín hasta la entrada.
Organizamos el mobiliario en varios frentes. Junto al ventanal situamos la zona de cocción, con muebles altos y bajos, mientras que el horno y el microondas quedan integrados en un bloque de armarios de suelo a techo. En el centro, la isla incorpora el fregadero y una zona con taburetes para desayunar o acompañar a quien está cocinando.





Para los muebles elegimos roble, buscando la calidez de la madera frente al acabado del microcemento claro que recorre toda la planta. Los frentes tienen un enmarcado fino que dibuja cada puerta y cajón, aportando un detalle sencillo al conjunto. La encimera, el modelo Nolita de Silestone, mantiene los tonos claros y se prolonga en el frente de la zona de cocción.
En el lado opuesto dispusimos el desayunador, con una superficie para la cafetera y los pequeños electrodomésticos, cajones y armarios debajo y dos baldas de madera para las tazas y otros objetos de uso diario. Aquí introdujimos el revestimiento Casbah de WOW Design, en un tono rosado suave y con un relieve geométrico que se aprecia al acercarse.
Y sobre la isla aparece uno de los toques de color: dos lámparas rojas que destacan sobre la madera y los tonos claros. Desde la cocina se ven también la escalera y la puerta de entrada verdes, de manera que los colores se encuentran al mirar de una estancia a otra.



Desde la cocina (o desde el vestíbulo) pasamos al salón-comedor, donde incorporar la galería fue fundamental para conseguir la amplitud que buscaban María y Edu. Esa franja de casi veinte metros cuadrados, antes poco aprovechada, pasó a formar parte de la vida diaria de la casa. Nos permitió situar el comedor junto al jardín y dejar más espacio para la zona de estar y los juegos de los niños.



Ampliamos los huecos hacia el exterior para reforzar esa relación con el exterior. La mesa de comedor queda junto al gran ventanal, rodeada de luz natural y con la vegetación como fondo. El suelo de microcemento claro continúa desde la cocina y ayuda a unificar los ambientes, mientras que la madera de la mesa y las sillas en tonos verdes aportan calidez y color.
La chimenea original fue uno de los elementos sobre los que más hablamos durante el proyecto. En un principio, María y Edu querían cambiarla, pero finalmente les propusimos lijar el mármol y conservarla. Les gustó la idea de mantener elementos originales de la vivienda, y la chimenea encontró su sitio en el nuevo salón, junto al mobiliario y los acabados que incorporamos con la reforma.
A su lado, una estantería combina baldas de madera con módulos blancos cerrados en la parte inferior. Este mismo esquema se repite junto al comedor, aprovechando el hueco al lado del ventanal. Los libros, las fotografías y los objetos personales quedan a la vista, mientras que los armarios bajos permiten guardar otras cosas sin que todo esté expuesto.
La zona de estar se organiza con el sofá y las butacas alrededor de la mesa de centro. Al fondo queda un rincón para los pequeños, con sitio para sus juguetes. Así, el juego forma parte del salón y los niños pueden compartir el espacio con los mayores.
Sobre la base clara de paredes y suelo, la madera del aparador y las mesas aporta calidez. El color aparece en las lámparas, los cuadros y los textiles, mezclándose con los objetos de la familia. Nos interesaba que el salón tuviese espacio para todo eso: para reunirse, para jugar y también para conservar las piezas que hacen que una casa sea suya.








Subimos a la planta de arriba, donde el principal cambio fue la distribución. Originalmente había cinco dormitorios muy pequeños y un único baño, por lo que reorganizamos por completo esta planta para adaptarla a las necesidades de María, Edu y sus hijos.
La nueva distribución cuenta con cuatro dormitorios: el principal, dos habitaciones infantiles y una estancia que puede utilizarse como despacho y cuarto de invitados. Al reducir el número de habitaciones conseguimos que todas fueran más amplias y pudimos incorporar un segundo baño.
En el dormitorio principal creamos una zona de almacenaje con armarios de suelo a techo. Los frentes, lacados en un tono claro y con pequeños tiradores negros, se integran en las paredes para aligerar visualmente el espacio. Conservamos el suelo de madera en espiga existente, que aporta calidez y nos ayuda a mantener parte del carácter original de la vivienda.
El dormitorio se completa con un baño en suite. Utilizamos microcemento en los paramentos y reservamos el color para la ducha, revestida con piezas verdes de la colección Roots, en tono Olive, de WOW Design. Su acabado irregular y brillante aporta profundidad y contrasta con la superficie continua del microcemento. Una mampara de vidrio separa la ducha sin cerrar visualmente el espacio, mientras que el mueble suspendido y la grifería empotrada mantienen el conjunto ligero.



El segundo baño da servicio a las habitaciones de los niños y al cuarto de invitados. Aquí elegimos una combinación más alegre: un mosaico en damero rojo y rosa de Vitogres recorre el suelo y continúa por el frente de la bañera. Lo combinamos con azulejos blancos, un mueble de madera suspendido y griferías en acabado dorado. El encuentro del mosaico con el parqué de espiga marca el paso entre el distribuidor y el baño y resume muy bien el juego de materiales de esta planta.


El resultado es una planta mucho más cómoda, con dormitorios de mayor tamaño, más almacenaje y dos baños pensados para el día a día de toda la familia.
Estamos muy contentas de haber acompañado a María y Edu en la transformación de su casa. Creemos que hemos conseguido una vivienda luminosa, funcional y llena de color, pensada para disfrutarla en familia y para adaptarse a ellos durante muchos años. Gracias a los dos por confiar en nosotras y permitirnos formar parte de este proyecto.



