VIVIENDA EN PSO MOLINO, MADRID

Queremos una casa con color, por eso necesitamos que nos ayudéis a reformar nuestra casa.” Eso fue lo primero que nos plantearon Silvia y Juan cuando les conocimos. Y claro, imposible negarnos. Llevaban años viviendo en casas de alquiler y esta era su primera vivienda en propiedad, así que teníamos un objetivo claro: conseguir un espacio que sintieran completamente suyo.
La primera vez que visitamos el inmueble nos transmitió buenas sensaciones. Contaba con ventanas a ambos lados y una buena entrada de luz natural que ayudaba a potenciar el interés del inmueble. Pero, como suele ocurrir, también tenía retos que resolver. La vivienda no era muy espaciosa y el almacenaje se convertía en una necesidad básica. Nuestros clientes disfrutan de una enorme colección de libros y vinilos, y su peque es un auténtico apasionado de los cuentos y del Lego.
Además, ambos teletrabajan algunos días y reciben con frecuencia a familia y amigos que se quedan a dormir en casa. Por eso, desde el inicio nos plantearon la necesidad de contar con un espacio multiuso, capaz de adaptarse a diferentes momentos y usos.
La distribución original situaba el salón al fondo de la vivienda y los dormitorios al inicio. Tras estudiar varias opciones y debatir diferentes alternativas, nos pareció más lógico invertir ese esquema. Después de varios ajustes, conseguimos encajar el resto de necesidades planteadas: dos habitaciones, un baño y un aseo, además de zonas de almacenaje bien repartidas.
Desde el inicio, el proyecto se planteó con un presupuesto muy definido. Como en todos nuestros trabajos, nos adaptamos a él y, a partir de ahí, buscamos las mejores soluciones posibles. En esta vivienda, decisiones como mantener las ventanas y los radiadores existentes permitieron destinar la inversión a otros puntos clave del proyecto, sin renunciar a un resultado coherente y bien pensado.
Empezamos el recorrido por la entrada, un espacio pequeño que se aprovecha para incorporar almacenaje en altura, resolviendo una necesidad práctica sin recargar visualmente el ambiente. El color de la puerta, un azul suave, se extiende por los laterales y es muy similar al de los muebles de la cocina, lo que ayuda a relacionar ambos espacios y a suavizar el paso entre ellos.


La cocina era una pieza primordial del proyecto, ya que a nuestros clientes les encanta cocinar. Para aprovechar cada centímetro, la diseñamos en forma de U, liberando el centro y facilitando la circulación. Uno de los frentes se resuelve con un gran bloque de armarios de suelo a techo, donde se integran los electrodomésticos y gran parte del almacenaje. Esta decisión permite concentrar funciones, ganar capacidad y mantener una imagen limpia y ordenada, algo especialmente importante en una vivienda con menos metros cuadrados.
Los muebles combinan módulos de color y madera de Cubro, una mezcla que nos encanta. El color introduce identidad y diferencia la cocina del resto de la casa, mientras que la madera equilibra el conjunto y aporta calidez. La encimera, en un tono claro, refuerza la sensación de luz y continuidad visual y se prolonga bajo la ventana, donde se sitúa el fregadero, aprovechando al máximo la entrada de luz natural.
El suelo cerámico en rojo y blanco se convierte en uno de los elementos más reconocibles del espacio, y también en uno de los más celebrados por nuestros clientes. En un inicio iba a colocarse en damero, pero una vez en obra hicimos varias pruebas y finalmente nos decidimos por esta disposición en zig zag, que le aporta tanta personalidad.



A continuación encontramos el espacio de salón-comedor. Ante la falta de espacio, optamos por una disposición clara y funcional, donde el almacenaje vuelve a ser una pieza clave del proyecto. Sin duda, uno de los elementos protagonistas es la gran librería a medida, que ocupa todo el frente y alberga libros, vinilos y objetos personales, convirtiéndose en el telón de fondo del espacio.
Aunque en un primer momento Silvia y Juan querían que fuese en color, finalmente se decidió mantenerla en blanco para equilibrar la presencia cromática en el resto de la vivienda y aportar mayor ligereza visual, especialmente teniendo en cuenta su tamaño. En la parte baja, los módulos cerrados permiten guardar lo que no necesita estar a la vista, mientras que las baldas abiertas muestran aquello que forma parte del día a día de la familia.




El comedor se sitúa junto a esta zona, con una mesa de madera que aporta calidez y conecta con el pavimento continuo de la vivienda. Al fondo, otro mueble resuelve el almacenaje de la colección de vinilos. Queríamos que la relación con la cocina y la entrada fuese directa, sin puertas, para favorecer la entrada de luz y la continuidad espacial.

Junto al salón se sitúa un espacio flexible, pensado para adaptarse a distintos usos a lo largo del día. Funciona como zona de teletrabajo, pero también como habitación de invitados cuando es necesario. La pieza clave de este espacio es la puerta metálica corredera a medida, diseñada por nosotras. Una solución ligera y precisa que permite abrir o cerrar el ambiente según el momento, manteniendo la entrada de luz natural gracias al vidrio traslúcido. Su diseño y su acabado en color refuerzan la continuidad cromática del proyecto y a muchos os recordarán a las de la reforma de Lavapiés.
En el interior, un módulo a medida integra una cama abatible de matrimonio, permitiendo que el espacio funcione como despacho en el día a día y se transforme fácilmente cuando hay visitas. Para evitar que el ambiente resultara demasiado neutro, incorporamos estanterías empotradas tratadas en un tono azul más intenso, que introducen color y ayudan a definir el espacio sin cerrarlo.




Después, encontramos un pequeño recibidor amarillo, que da acceso al baño, al aseo y a una zona de lavado. Esta área concentra los espacios de agua y servicio, ordenando la distribución y facilitando el uso diario. La zona de lavado se decidió ocultarla mediante una cortina, una elección de los clientes, que apostaron por un tejido tradicional español para integrarla de forma natural y aportar un punto más doméstico al conjunto.

El baño principal se reconoce por el uso del color y por decisiones pensadas para mejorar la luminosidad. La puerta de acceso con cristal acanalado permite el paso de la luz natural hacia el interior manteniendo la privacidad. En el suelo volvemos a jugar con el dibujo del damero, en tonos azul y blanco, que aporta ritmo y carácter al espacio. El mueble de lavabo en amarillo actúa como pieza central, mientras que el resto de elementos se mantienen más contenidos para equilibrar el conjunto. La ducha se resuelve con una ducha de obra, integrada y pensada para un uso cómodo y duradero.


El aseo, de menor tamaño, mantiene los mismos criterios. Una distribución optimizada, materiales resistentes y una imagen coherente con el resto de la vivienda. Un espacio mínimo pero práctico.


Las habitaciones se plantean como espacios más tranquilos, donde el color se reduce y se prioriza el descanso. Frente a las zonas comunes, aquí la intervención es más contenida, buscando una atmósfera serena y funcional.
En el dormitorio infantil, el espacio se organiza para acompañar el crecimiento. Se integra una zona de estudio junto a la ventana, aprovechando la luz natural, y un armario a medida de suelo a techo que resuelve el almacenaje sin recargar visualmente la habitación. El mobiliario se mantiene sencillo y flexible, permitiendo que el espacio pueda adaptarse con el tiempo.



El dormitorio principal sigue la misma línea de calma. Un gran armario a medida recorre uno de los frentes, integrándose en la arquitectura y manteniendo una lectura limpia del espacio. El cabecero se resuelve mediante un gesto de color suave, que define la zona de descanso sin necesidad de añadir piezas extra y aporta calidez al conjunto.

Este proyecto nace de muchas conversaciones, de escuchar cómo querían vivir Silvia y Juan su primera casa en propiedad. Tenían claro que querían una vivienda con color, con espacio para sus cosas, para sus rutinas y también para la gente que viene de fuera y se queda unos días.



