VIVIENDA EN HUERTAS, MADRID

Os traemos una de nuestras últimas reformas, la casa de Paula y Alfredo. En pleno barrio de Las Letras encontramos una vivienda con una base autentica y una estructura con mucho potencial. Nuestro primer pensamiento fue: ¿Pero qué podemos aportar a una casa tan especial? Pasadas las primeras dudas y hablando con nuestros clientes, supimos que podíamos transfórmala sin perder su esencia. A ellos les gustaba mucho la casa tal y como era, pero querían que reflejara su forma de vivir ahora: más práctica (tienen una niña pequeña), más luminosa y sobre todo, más suya.
Su principal objetivo era conseguir una cocina más amplia, con una pequeña mesa para el día a día de los tres, sin perder al mismo tiempo espacio para una zona de comedor. También querían renovar los baños, que se habían quedado anticuados, y crear un espacio de teletrabajo que pudiera integrarse en la habitación de invitados. La planta superior, con su dormitorio y baño ya reformado, funcionaba bien, así que concentramos la intervención en la planta baja.
Una de nuestras primeras decisiones fue repensar la zona de la escalera. El arranque original de la misma ocupaba demasiado espacio y condicionaba el paso entre el salón y el comedor. Decidimos aligerarla y mover su inicio para liberar superficie y mejorar la circulación. Ganamos amplitud visual, más luz y mejor relación entre estancias. Este gesto estructural liberó el espacio suficiente para extender la cocina hacia el comedor, transformándola en una estancia protagonista.


Desde el inicio. la cocina fue el verdadero reto del proyecto. Los clientes querían que fuera un espacio donde poder cocinar y comer juntos, pero también un lugar de encuentro, cómodo y luminoso. Había que conseguir amplitud sin perder el equilibrio del conjunto.
El nuevo diseño parte de una idea clara: una cocina que se viva tanto como se use. Por eso decidimos abrirla, conectándola visualmente mediante una cristalera que separa sin aislar. La luz que entra por la balconera recorre todo el espacio y se multiplica gracias a los tonos suaves y los acabados satinados.
El mobiliario, de Cubro, combina frentes bajo en tono neutro con columnas en color rosa teja. Esta combinación aporta calidez sin perder serenidad, y ayuda a integrar la cocina con el resto de la vivienda. El frente, limpio continuo, se remata con una encimera blanca, resistente y suave al tacto, que refleja la luz de manera uniforma. La composición juega con los volúmenes: muebles bajos, un módulo alto exento y columnas que ordenan el espacio sin saturarlo.
El suelo de terrazo con incrustaciones de mármol aporta textura y mucha alegría. Es un material con presencia, pero de tono neutro, que deja respirar al conjunto y une la cocina con el comedor de forma natural.



Para aprovechar cada metro, diseñamos una banda de almacenaje longitudinal en la parte posterior, donde se ubica el banco de madera con cajones integrados. Este banco no solo sirve para guardar, también estructura un pequeño rincón de apoyo junto a la cristalera: un lugar donde dejar la compra, desayunar rápido o sentarse a charlar mientras se cocina. La llave de paso del aguar, ubicada en ese mismo frente, se integró de forma discreta dentro del mueble.



Cada elemento de esta cocina se pensó desde la vivencia. Por eso no solo es funcional: es un espacio que invita a quedarse. Los propietarios nos contaron que cuando vienen amigos o familia, todos acaban allí. Es el punto de encuentro natural de la casa: donde se cocina, se conversa y se comparte. También donde su hija juega o hace los deberes mientras ellos preparan la cena. Una cocina para vivirla, literalmente.
El salón conserva gran parte del carácter original de la vivienda (esa doble altura nos conquistó desde el principio) El suelo de madera, restaurado y barnizado en acabado natural, fue una de las primeras decisiones de conservación. Su tono cálido unifica toda la planta baja refuerza la sensación de continuidad entre las diferentes zonas.
Las estanterías empotradas, que ya existirían, se mantuvieron pero se reinterpretaron. Una de ellas la quitamos para realizar un mueble de TV. Al pintarla en azul conseguimos que el televisor quedará más integrado y pasar desapercibido dentro del conjunto, mientras que el resto de las estanterías siguieron funcionando como librería. Este gesto sencillo cambió por completo la percepción del espacio: ahora el salón respira mejor, se ve más ordenado y equilibrado, y conserva su esencia original.
La chimenea se mantuvo, acompañada por una nueva composición de mobiliario bajo que refuerza la horizontalidad del espacio. En los muros se aplicó pintura blanca buscando luminosidad y un telón neutro sobre el que destacan la madera, el azul y los tonos naturales.. Además quitamos las celosías colocadas en el ventanal, con lo que la luminosidad de todo el espacio aumentó notablemente.
El resultado es un salón más amplio y flexible, donde se diferencian varias zonas sin necesidad de tabiques: la zona de sofá frente al televisor, el rincón de lectura junto a la chimenea y la pequeña área de butacas bajo la biblioteca, perfecta para leer o charlar. La nueva escalera, más ligera, ayuda a ordenar los recorridos y aporta verticalidad al conjunto, conectando visualmente con la doble altura superior.







En el comedor nuestros clientes eligieron piezas de anticuario, una mesa de madera maciza y las sillas de líneas ligeras se integran sin imponerse. La pared del fondo se aprovechó para crear una galería de arte en pequeño formato, reforzando el carácter doméstico del espacio. Es una zona versátil, que cambia con el día: luminosa y abierta por la mañana, cálida e íntima al caer la tarde.


La habitación de Alba se pensó para acompañarla en distintas etapas, desde la infancia hasta la adolescencia. Queríamos que fuera un lugar alegre, luminoso y funcional, pero sin caer en lo efímero: un espacio que pueda transformarse con facilidad a medida que crece.
La habitación original se trasladó para conectar con la terraza, ganando luz y ventilación natural. Este cambio permitió ampliar su superficie y darle un carácter más versátil. Ahora, la estancia se organiza en dos zonas bien diferenciadas: el área de descanso, cálida y tranquila, y la zona de juego y estudio, donde la luz natural entra a raudales. En la zona de estudio, el radiador amarillo y las pieza coloridas como la estantería metálica y la alfombra con pequeños motivos geométricos aportan vitalidad y espontaneidad sin saturar el conjunto.



El baño de Alba, conectado a su dormitorio, debía ser luminoso, fácil de mantener y con un punto alegre. El suelo y las paredes crean una base cálida y neutra sobre la que destaca el mueble a medida en tono menta. Esta pieza, con lavabo integrado y líneas limpias, aporta color sin estridencias y convierte el baño en una extensión natural de su habitación.
La grifería en blanco y el inodoro suspendido completan el conjunto, aportando ligereza y un aspecto contemporáneo. La luz cenita, que entra desde el lucernario, baña el espacio y realza los tonos suaves del revestimiento.



En la antigua habitación infantil organizamos la habitación de invitados. La pensamos como un espacio polivalente, capaz de adaptarse al ritmo de la casa. Además de acoger a familiares o amigos, es también el lugar donde Paula teletrabaja varios días a la semana, por lo que necesitábamos que combinara comodidad, orden y calidez.
El mobiliario se diseño a mediad para aprovechar cada centímetro. El escritorio, en madera natural y con forma en cuña, se sitúa bajo la ventana para recibir la luz el día y mantener una postura cómoda frente al ordenador. Su forma no es casual: permite ampliar la superficie de trabajo en la zona más amplia de la habitación sin interferir con el paso ni con la cama. Bajo él, un pequeño mueble integrado sirve de apoyo y almacenaje.
El conjunto transmite calma. Los tonos neutros de las paredes se combinan con la librería rosa que organiza libros y objetos personal y sirve de mesita de noche. Esta combinación aporta un equilibrio cromático que conecta la habitación con el resto de la vivienda, manteniendo la coherencia del proyecto.
El resultado es una habitación sencilla y acogedora, pensada para el día a día. Un lugar donde trabajar, descansar o recibir visitas, con la misma sensación de hogar que es respira en el resto de la casa.



El baño de invitados resume muy bien una de las señas de identidad de Equipo Nimu: el uso del color como herramienta para ordenar, equilibrar y dar carácter a los espacios. Aquí, el color no es un gesto decorativo, sino una forma de definir como se siente el lugar. Partimos de una base limpia y luminosa, con paredes revestidas en un azulejo blanco que amplifica la luz. Sobre ella, el suelo en azul introduce un tono profundo y envolvente que da personalidad al conjunto.
El mueble a medida azul actúa como hilo conductor y centro visual. Su diseño compacto oculta la lavadora, manteniendo una lectura limpia y ordenada del espacio, algo especialmente importante en un baño de uso diario. El contraste entre el blanco y el azul genera una atmosfera fresca, casi mediterránea, que conecta con nuestra filosofía: espacios funcionales, alegres y con vida.



Estamos muy contentas con el resultado de esta reforma en Huertas, y más aún al ver como la casa refleja a Alba, Paula y Alfredo y la disfrutan en su día a día. Creemos que hemos conseguido una vivienda cálida, luminosa y funcional, llena de color y detalles pensados para acompañarles durante muchos años.



