VIVIENDA EN VITORIA

Hoy os traemos una reforma que responde a una de las preguntas que más nos hacéis llegar ¿Trabajáis fuera de Madrid? Como veréis la respuesta es un si!
El piso, de 91 m², estaba situado en un edificio singular, pero su distribución original lo hacía difícil de disfrutar. La cocina quedaba relegada al patio interior, había un baño nada más entrar y el resto de la superficie se dividía en hasta cinco estancias pequeñas, desconectadas entre sí. Era una vivienda con potencial, pero fragmentada, oscura y poco práctica.
Desde el inicio tuvimos claro que la fachada curva del edificio debía ser la protagonista. Allí situamos la cocina y el salón, generando un gran espacio común de 33,5 m², lleno de luz y conectado con el exterior. Al trasladar la cocina a la fachada principal —en lugar de mantenerla en el patio interior— no solo se ganó claridad y amplitud, sino que se convirtió en el verdadero corazón de la vivienda.
El resto de la distribución se organizó en torno a las necesidades de los propietarios: tres dormitorios, dos baños completos y una lavandería independiente. Espacios pensados para un día a día cómodo y funcional, sin perder calidez.
Desde el principio nuestros clientes, nos dijeron algo que nos encantó: querían un suelo de damero rojo y blanco. Una decisión aparentemente sencilla, pero que se convirtió en el hilo conductor de toda la reforma. Ese gesto gráfico y vibrante dio carácter al espacio y marcó la paleta del resto de la vivienda: si el suelo podía ser alegre y audaz, ¿por qué no dejar que los colores entrasen también en otras zonas de la casa? Así surgieron la carpintería naranja que separa cocina y comedor, y la gran librería del salón en el mismo tono.
La cocina ocupa 10,5 m², pero su diseño está pensado para multiplicar sensaciones: amplitud, luminosidad y calidez. Los muebles a medida, en madera natural, refuerzan esa sensación acogedora. La veta visible aporta textura y movimiento, equilibrando la fuerza del pavimento. Optamos por un sistema de almacenaje generoso, con frentes que llegan hasta el techo en uno de los frentes y una distribución en forma de “L” que aprovecha cada rincón sin recargar el espacio. Los tiradores integrados en el propio frente mantienen una línea limpia y discreta, donde lo importante es la continuidad.




Sobre la encimera de tono claro, con un frente del mismo material aporta resistencia y un neutro que contrasta con el suelo damero. El conjunto se completa con detalles abiertos, como el estante superior que permite exponer objetos cotidianos —libros de cocina, vajilla, pequeños elementos decorativos— y que ayuda a romper la rigidez de los módulos cerrados.


Un punto clave fue el cerramiento de vidrio y hierro lacado en naranja, que permite abrir o aislar la cocina según el momento. Cuando está cerrada, la transparencia mantiene la conexión visual con el salón y el comedor, evitando la sensación de encierro; cuando se abre, los tres espacios se funden en uno solo, formando ese gran corazón doméstico de más de 30 m² donde sucede la vida diaria.
Cada detalle está pensado para que cocinar sea una experiencia cómoda y agradable. La altura de los muebles se aprovechó al máximo para ganar almacenaje sin sobrecargar el espacio. La distribución en dos frentes permite organizar las zonas de cocinado, almacenaje y limpieza con fluidez. Y la presencia de una pequeña barra, vinculada al cerramiento, añade un lugar más informal para desayunos rápidos o para acompañar a quien cocina mientras se prepara la comida.
Más allá de su funcionalidad, la cocina es el espacio identitario de la casa. Es allí donde el color y la luz dialogan, donde los materiales se equilibran y donde la vivienda muestra su carácter: cálido, vivo y pensado para compartir.





Otro de los elementos más especiales del proyecto es la gran estantería que articula la zona de día. Desde el principio, los clientes tenían claro que necesitaban un espacio generoso para libros, discos y objetos personales. No querían una librería convencional, sino una pieza capaz de ordenar, separar y al mismo tiempo dar carácter al salón.
La solución fue diseñar una estantería a medida, lacada en un naranja intenso que se ha convertido en seña de identidad de la vivienda. Esta pieza no solo funciona como almacenaje, sino también como elemento arquitectónico: divide sutilmente la entrada y la zona de estar, creando dos ambientes conectados pero con cierto grado de independencia.
Su diseño combina funcionalidad y expresividad. En la parte superior, las baldas abiertas permiten exhibir libros, fotografías y piezas especiales, transformando la librería en un escaparate personal que habla de quienes habitan la casa. En la parte inferior, los módulos cerrados ofrecen un almacenaje extra y mantienen el orden visual, evitando la sensación de desorden.
La elección del color no fue casual. Aunque inicialmente los clientes pensaban en tonos más sobrios, el gesto del damero de la cocina les animó a apostar por un lenguaje más vibrante. La estantería recoge esa energía y la proyecta hacia el salón, aportando calidez y dinamismo al conjunto. Además, se convierte en hilo conductor de otros acentos cromáticos repartidos por la vivienda, como la puerta corredera de la cocina o el mobiliario auxiliar en tonos vivos.
En esta vivienda, los baños se concibieron como pequeños escenarios donde cada material y cada color aportan su propia personalidad. La idea era clara: que fuesen funcionales, cómodos para el día a día, pero que al mismo tiempo transmitieran alegría y carácter.




El primero juega con un suelo a rayas en azul marino y blanco que aporta dinamismo desde el primer paso. Sobre él se alza un mueble en tonos azules, diseñado a medida, con un lavabo circular de piedra moteada que suma textura y peso visual. El frente del espejo se reviste con azulejo verde en formato alargado, de acabado irregular, que refleja la luz con matices cambiantes.


El segundo baño se resuelve en una clave más cálida, pero igual de expresiva. El pavimento de piezas hexagonales en un tono arena se combina con un mueble suspendido en color neutro. La sorpresa llega con el lavabo cerámico en terracota, que se convierte en el verdadero protagonista. Los detalles en el mismo tono —como el toallero circular o la grifería— refuerzan esa sensación de conjunto, creando un espacio armónico y sofisticado sin perder sencillez.


Ambos baños reflejan una misma filosofía: huir de lo genérico y encontrar un lenguaje propio. No se trata solo de resolver la función, sino de disfrutar también de los momentos cotidianos. Cada gesto —el contraste de los colores, la textura de los materiales, la elección de las piezas singulares— convierte estas estancias en rincones con identidad, coherentes con la personalidad del resto de la casa.
En el acceso a la vivienda reservamos un pequeño espacio para la lavandería. Oculto tras una puerta, este rincón reúne lavadora, almacenaje y superficie de apoyo, liberando al resto de la casa de la logística del día a día.
A pesar de su tamaño reducido, el diseño a medida permite aprovechar cada centímetro: baldas abiertas para cestas y productos de limpieza, un hueco específico para la lavadora y módulos cerrados que garantizan orden visual. El pavimento de piezas hexagonales, en contraste con el suelo de madera, marca la diferencia de uso sin renunciar a la coherencia estética.
Su color interior, en un tono verde suave, aporta frescura y hace que incluso este espacio de servicio resulte agradable y luminoso. Es un ejemplo de cómo la funcionalidad no está reñida con el cuidado del detalle: cada rincón de la vivienda cuenta y suma en el confort del conjunto.

En el dormitorio principal se buscaba un espacio funcional, luminoso y bien resuelto en términos de almacenaje. Para ello diseñamos un gran armario a medida, de suelo a techo, que aprovecha al máximo la altura y libera al resto de la estancia de piezas auxiliares. Su integración en la pared permite que el volumen no interrumpa la continuidad del espacio y refuerza la sensación de orden.
La entrada de luz natural y el uso de una paleta neutra potencian la calma, mientras que la distribución favorece la circulación fluida y el aprovechamiento de cada metro. El resultado es un dormitorio cómodo y despejado, donde lo esencial está resuelto con precisión y sin elementos superfluos.

En resumen, este proyecto en Vitoria es un ejemplo de cómo una reforma puede cambiar por completo la manera de vivir una casa. Pasar de un piso fragmentado y oscuro a un hogar luminoso, coherente y pensado al detalle para el día a día marca una diferencia real en la vida de quienes lo habitan.
Nuestro trabajo va más allá de redibujar planos: se trata de escuchar, interpretar necesidades y transformarlas en soluciones claras y sostenibles en el tiempo. Distribuciones fluidas, almacenaje bien resuelto y espacios que respiran personalidad son la base de cada uno de nuestros proyectos. Así que si estáis pensando en reformar vuestra vivienda y necesitáis un equipo que os acompañe durante todo el proceso, aquí estamos.



