VIVIENDA EL ENCINAR, MADRID

Volvemos al blog para mostraros la historia de esta reforma. Se trataba de un adosado que, aun estando en buen estado, no terminaba de encajar con nuestros clientes, Clementine y Adrián. La base era buena, pero los espacios estaban fragmentados y los materiales no reflejaban lo que buscaban para su casa, por lo que decidieron ponerse en contacto con nosotras.
Su objetivo era claro: una cocina más amplia, conectada con la zona de estar pero sin perder independencia, y un salón y comedor que realmente funcionaran en su día a día, especialmente para recibir a familia y amigos. Clementine, americana, buscaba una casa más acogedora y vivida, mientras que Adrián ponía el foco en el diseño y en espacios más depurados. Nuestra labor fue encontrar un equilibrio entre ambas formas de entender la vivienda.
La intervención se centró principalmente en la planta baja, donde replanteamos cocina, salón, comedor y aseo de invitados. También trabajamos en la planta primera, rediseñando el dormitorio principal, los baños y los dormitorios secundarios, mientras que en la planta bajo cubierta y el sótano realizamos intervenciones más puntuales.
Al analizar la planta baja, vimos que el problema no estaba en la cantidad de metros, sino en la forma en la que se utilizaban y se relacionaban los espacios. Cada estancia funcionaba de manera independiente, sin una conexión real entre ellas. Además, la relación con el jardín, uno de los grandes valores de la casa, no se estaba potenciando desde el interior.
Uno de los elementos que contribuía a esta fragmentación era la diferencia de alturas en una zona del salón. Aunque puntual, rompía la continuidad visual y dificultaba una lectura más unitaria del espacio. Decidimos unificar ese plano para simplificar la base del proyecto y empezar a ordenar la planta desde una lógica más coherente.
El salón contaba con una superficie amplia, en torno a 70 m², pero el objetivo no era solo aprovechar esos metros, sino organizarlos de manera que permitieran distintos usos dentro de un mismo espacio. Planteamos una distribución que diferenciara claramente la zona de estar y el comedor, sin perder la continuidad entre ambas. El salón se orienta hacia el jardín, aprovechando al máximo la entrada de luz, mientras que el comedor se sitúa en una posición más recogida, pero igualmente conectado al conjunto.
El pavimento cerámico fue uno de los detonantes del proyecto. Optamos por una pieza de pequeño formato colocada en espiga, en un tono azul que recorre toda la planta baja y define la base del espacio.






A partir de ahí, introdujimos la librería como contrapunto. Diseñada a medida y resuelta en un tono rojo, no solo aporta almacenamiento, sino que equilibra la presencia del suelo y construye una relación de color dentro del espacio. Este mismo tono se repite en el cerramiento metálico de la cocina, reforzando la coherencia del conjunto.
Para completar el proyecto, nos encargamos también de escoger el mobiliario. La idea fue incorporar piezas de madera que ayudaran a equilibrar la intensidad de los materiales y colores principales.



Otro de los principales objetivos era abrir la cocina hacia el salón, pero sin convertirla en un espacio completamente expuesto. Para ello, diseñamos un cerramiento metálico que permite mantener la conexión visual y el paso de la luz, introduciendo a la vez un filtro que aporta cierta independencia.
Este cerramiento, resuelto en el mismo tono rojo, dialoga directamente con la librería del salón y refuerza la continuidad entre ambos espacios.
A nivel de distribución, se optó por una configuración en L que permite trabajar de forma cómoda y eficiente, liberando el perímetro y favoreciendo la circulación.
El mobiliario, de OB Cocinas y diseñado a medida en madera, aporta calidez y construye un contraste directo con el suelo cerámico en tono azul. Esta combinación entre ambos materiales es la que termina de definir el carácter del espacio.
Pero necesitábamos un toque Nimu, así que decidimos introducir tiradores, rompiendo la uniformidad de las puertas lisas de madera y aportando un punto más dinámico al conjunto.
La encimera, con un veteado muy marcado, se plantea como un elemento protagonista, capaz de levantar la presencia de la madera y aportar contraste al conjunto.
Nos interesaba también incorporar pequeños momentos más cotidianos dentro de la cocina, como la zona de desayuno, planteada abierta dentro del propio mueble. Este hueco introduce un azul más oscuro a través del material cerámico, generando profundidad y aportando un punto de color más contenido pero muy presente.






La escalera, en su estado original, resolvía únicamente una función de conexión, con una geometría más rígida. En el proyecto, nos interesaba suavizar esa transición y acompañar mejor el recorrido. La intervención se centra especialmente en la llegada a la planta primera, donde la geometría se vuelve más orgánica a través de un encuentro curvo que transforma la percepción del espacio. Este gesto introduce un cambio de ritmo en el recorrido, generando una transición más amable hacia la planta superior y aportando un contrapunto a los elementos más definidos de la planta baja.
En la planta primera, el proyecto se centra en los espacios más íntimos de la vivienda, donde cada estancia se adapta de forma más directa a quienes la habitan. Aquí trabajamos en el rediseño del dormitorio principal, los baños y los dormitorios secundarios, buscando mantener ese equilibrio entre una base más contenida y la incorporación de gestos más expresivos.


El dormitorio principal se resuelve desde una lógica muy limpia. Se plantea un gran frente de armarios a medida, completamente integrado, que ordena el espacio sin añadir ruido visual. La intervención es muy precisa: líneas sencillas, tonos suaves y una base neutra sobre la que aparecen pequeños acentos de color, como las luminarias, que introducen un punto más inesperado sin alterar la calma del conjunto. En los baños es donde esta dualidad entre Clementine y Adrián se hace más evidente.
En el baño de Adrián empleamos una gama de azules, manteniendo una línea más depurada y controlada. El mueble de lavabo se plantea como un volumen continuo, muy limpio, que organiza el espacio. La cerámica, de pequeño formato, introduce textura sin perder esa sensación de orden, y la continuidad del color refuerza una lectura más serena y homogénea.



En contraste, el baño que comparten Clementine y su hija se construye desde un lenguaje mucho más expresivo. En contraste, el baño que comparten Clementine y su hija se construye desde un lenguaje mucho más expresivo. Aquí el color no es un acento, sino el elemento principal. Hemos trabajado con distintas tonalidades de rosa para construir el espacio: desde el pavimento geométrico, que introduce dinamismo, hasta el mueble, con un frente texturizado que aporta profundidad y carácter.
La distribución también se cuida especialmente, incorporando una puerta metálica que independiza la zona del inodoro, manteniendo esa idea de espacio compartido pero bien organizado.
Los lavabos dobles, las griferías en un tono cálido y las formas curvas de los espejos y los pasos refuerzan una atmósfera más amable y cercana, casi lúdica, que responde a una forma de habitar más cotidiana y compartida.La luz natural y los tonos claros en paramentos ayudan a equilibrar el conjunto, evitando que el uso del color resulte excesivo y manteniendo una sensación de claridad.





En los dormitorios secundarios es donde el proyecto se permite un tono más libre.
En la habitación infantil, el objetivo era claro: crear un espacio alegre y estimulante, pero sin perder la coherencia con el resto de la casa. Para ello, trabajamos con el color de forma muy medida, concentrándolo en elementos concretos. El zócalo y el armario se resuelven en un mismo tono azul, generando una base continua que envuelve la habitación. Sobre esta base, el papel pintado introduce un patrón más dinámico, aportando un punto más lúdico sin saturar el espacio.
El mobiliario y los pequeños detalles completan el conjunto, manteniendo ese equilibrio entre lo funcional y lo expresivo, y permitiendo que la habitación evolucione con el tiempo sin perder su carácter.El dormitorio de invitados se plantea desde una lógica más contenida, pero sin renunciar a la identidad del proyecto.



En el dormitorio de invitados, el papel pintado cobra protagonismo, envolviendo el espacio y aportando un carácter más cálido y acogedor. Frente a esto, el armario se diseña como una pieza muy controlada, donde las formas redondeadas de las molduras introducen un gesto sutil que conecta con el lenguaje de curvas presente en otros puntos de la vivienda.
Este cuidado por el detalle se refuerza en elementos más pequeños, como los tiradores, que se resuelven como piezas casi gráficas y aportan un punto de diseño dentro de una composición más serena.


En la planta bajo cubierta, la intervención es más puntual, pero igualmente importante para completar el uso de la vivienda. Se plantea como un espacio más flexible, pensado para el ocio y el descanso, aprovechando la singularidad de la cubierta inclinada.
Aquí, el proyecto pone en valor la propia geometría del espacio. La estructura se resuelve en un tono verde que acompaña los planos inclinados y refuerza esa sensación envolvente, generando un ambiente más recogido y diferenciado del resto de la casa.
En definitiva, una vivienda transformada para adaptarse a la forma de vivir de Clementine y Adrián en esta etapa. No se trataba solo de reorganizar los espacios, sino de entender cómo querían habitar la casa y construir el proyecto desde ese equilibrio entre dos maneras de concebirla.
Trabajar la planta baja como un espacio continuo, introducir el color como hilo conductor, cuidar la materialidad y prestar atención al detalle, desde la escala general hasta elementos más pequeños como los tiradores, han sido algunas de las claves de esta reforma.
Queremos dar las gracias a Clementine y Adrián por la confianza y por permitirnos acompañarles en este proceso.



